Para la publicación de esta semana, he acudido a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y realizar un recorrido por su exposición permanente acerca de la evolución del dinero, desde su creación hasta la actualidad.
Desde que conocemos el término de sociedad como conjunto de personas que conviven en un mismo ligar, se crearon diferentes formas de pago para negociar y adquirir elementos para el día a día.
Actualmente estos métodos de pago
se realizan con lo que se conoce como dinero – monedas y billetes –, con tarjetas
de crédito o debido en las que su poseedor contiene dinero e incluso con nuevas
adaptaciones de dinero como son las criptomonedas. Pero para llegar hasta aquí,
ha habido un gran proceso de evolución.
En las que consideramos como las
primeras civilizaciones del mundo aún no existía el dinero como tal lo
conocemos. Los métodos de pago eran objetos cuyo valor era admitido dentro de
una comunidad y que según lo valioso que fuese podía ser intercambiado por otros
bienes; entre estos objetos destacamos trigo, cacao, sal o maíz.
La creación de la moneda como tal
se dio en Grecia y fue un lento proceso de la utilización de los metales en
bruto al uso de pequeñas piezas marcadas integradas dentro de una escala de
valores. Las primera monedas eran de plata y fue en Roma donde se comenzaron a
fabricar las de bronce.
Cada pueblo contaba con un tipo de moneda diferente y uno de los más destacados en el inicio de la Edad Media era el Isla, que se dotó de una moneda propia que se caracterizaba por no tener imágenes. Al contrario que la de los Reinos Cristianos, que si llevan iconografía tanto cristiana como de gobernadores.
Las monedas fueron cambiando de
forma, de material y de valor en cada territorio. No fue hasta el reinado de
Carlos III cuando se dio la primera aparición de la moneda en papel en España,
es decir, de los billetes.
El Banco de San Carlos se fundó para
responder de una emisión de deuda pública conocida como vales reales y este
banco fue el cual emitió las primeras series de cédulas, que ya eran verdaderos
billetes, canjeables por monedas y sin producir ningún tipo de intereses.
Hoy en día, esa tarjeta la podemos
tener incorporada en nuestros teléfonos móviles o incluso en los relojes
inteligentes y con tan solo pasar alguno de los dispositivos por el lector correspondiente,
se nos realiza el cobro inmediato. Al igual que podemos pasarnos dinero entre
nuestros allegados con tan solo descargar una aplicación – el famoso bizzum –.
Como con todo en esta vida, nos
hemos ido adaptando a los cambios según han ido surgiendo a lo largo de las
décadas, y no iba a ser menos con el dinero y sus diferentes maneras de utilizarlo.


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